Madrid está definitivamente de parabienes. Poder escuchar dos obras señeras del siglo XX en una semana (Pierrot Lunaire de Schönberg, hace dos días, y hoy, la Sonata para dos pianos y percusión de Bartók) en el Museo Reina Sofía y la Fundación March, respectivamente, es algo muy excepcional, solamente reservado para capitales de intensa actividad cultural. Y si además consideramos que las versiones fueron excelentes, la satisfacción es doble. Además, con excepción de las cuerdas, los intérpretes fueron nacionales, aún cuando la mayoría de ellos, eso sí, terminaron sus estudios en el extranjero. Eso demuestra una vez más que en España hay mucho talento, y que este talento sabe triunfar a pesar de la precariedad existente en los establecimientos educativos. Solamente el caso de las cuerdas altas se aparta: si la pedagogía no es la correcta…
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