Vasili Petrenko es uno de esos directores que pone de acuerdo a todo el público y la crítica, desde el más enterado del asunto musical hasta el más novato. Y es que, a diferencia de otros, sus virtudes se ‘ven’, porque los detalles con que identifica a sus interpretaciones son siempre muy audibles: no hace falta tener la oreja muy entrenada para disfrutar con sus intencionados cambios de tempo, por ejemplo. De todas formas, y en relación a otras visitas de este ruso talentudo, hemos observado que su concepto está ganando además en sabiduría y seriedad. En el concierto que motiva estas líneas logró que la OSCYL sonara inusualmente precisa. El equilibrio fue proverbial y todos los profesores parecían ser conscientes de que era una buena ocasión para hacer algo grande. Y así fue.En el Concierto nº 3 de Bartók, pese a que estas virtudes de…
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