Desde que comencé a viajar con asiduidad a España -donde terminaría radicándome por más de una década- y a leer lo que escribían sus críticos musicales, tanto en la prensa diaria como en publicaciones especializadas o en las notas de los programas de concierto, una cosa llamó poderosamente mi atención: que muchos de ellos, personalidades importantes y muy bien consideradas, empleaban el vocablo 'opus' como femenino, lo que en un primer momento me causó gran extrañeza e incluso rechazo. Desde mi juventud, cuando empecé a escribir sobre el arte de los sonidos en mi Argentina natal, nunca se me había pasado por la cabeza cuestionarme que 'opus' fuese otra cosa que masculino. De mis estudios de latín (asistí al histórico Colegio Nacional de Buenos Aires, dependiente de la Universidad y allí debí cursar seis largos -y bastante tediosos- años…
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