O viceversa. Porque en el hacer de Daniel Harding (Oxford, 1975) se nota por igual la influencia de sus dos mentores, Claudio Abbado y Simon Rattle. Se le nota en el gesto, que tiene la mano derecha de su paisano -brillante, precisa, fustigadora, muy ‘on the beat’-, y la mano izquierda del italiano -exigente pero no autoritaria, tan atenta a todas las entradas como múltiple en los matices-; y en la cara, que reúne la expresividad de ambos, mezcla del entusiasmo de Abbado y la excitación de Rattle. Harding se mueve muchísimo -faltaría más, a sus insolentes 32 años-, aunque visto y oído el efecto acción-reacción, no parece que ninguno de esos movimientos resulte superfluo.
También están claras las enseñanzas conceptuales de uno y otro. Tal vez en mayor medida las de Rattle, porque Harding deja poco margen a la improvisación que le echa…
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