Excelente idea la de reunir en una misma velada, por encima de los problemas estilísticos que plantean, El burgués gentilhombre de Lully y el de Strauss, intermediados por ese maravilloso Concierto n.º 23 de Wolfgang Amadé Mozart, inclusión interpretable desde distintos puntos de vista, desde el argumental (la comedia de Molière tiene no pocos puntos en común con las vivencias del genio de Salzburgo) a musical (las revisitaciones e inspiración straussianas en general no ocultan su pátina mozartiana). En cualquier caso, el éxito de obras tan hermosas, dejando aparte las razones de su inclusión, está más que asegurado si se tocan con la prestancia dada el 19 de febrero.
Al igual que el programa, y realmente debido a él, su devenir del concierto fue complejo ya desde la presencia de dos directores-instrumentistas: Terje Tønnesen, concertino…
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