Modernidad. Viento sin memoria que desarbola las almas. Música de lo apenas. De la esencia de lo acaso. El segundo libro de Preludios de Debussy sorprende tanto como el primer día. Así que hayan pasado casi cien años. Quizá por eso al público le costó encontrar la postura. Incluso pareció que el mismo Thibaudet tardó en sentirse dueño del espacio. De todo el espacio. Expansivamente. Porque el pianista francés no hizo de su instrumento un centro de gravedad que atrajera todos los colores y todos los matices para luego esponjarlos con mixturas alquímicas (esa plenitud hecha de armónicos evaporados). No, Thibaudet conquistó hasta el último rincón de la sala haciendo del piano una delicada catapulta.Es difícil mostrarse excesivamente íntimo en un auditorio tan grande. Thibaudet, refinado, elástico, seguro, perlado, tuvo la vocación de…
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