No se me olvidará en la vida: al término del concierto que en 1992 dio Riccardo Muti con la Orquesta de Filadelfia en este Palau de la Música -mutiano concierto: Don Juan, España, Bolero, y no recuerdo qué más, pero fue igualmente ‘ruidoso’-, el hombre se dirigió al público diciendo: “Y después de España, Italia: Notturno de Giuseppe Martucci”. Aquello fue para derretirse de gusto, por el sereno contraste con lo anterior y por la sorpresa de escuchar una pieza tan rara y tan maravillosa. Esta noche dio aquella misma propina, de nuevo presentada por el maestro como la obra de “un compositor napolitano, contemporáneo de Scriabin, admirado por Brahms y amigo de Toscanini”. Puede que esta vez la hiciera menos arrebatadora y más esencial que entonces, pero me volvió a sonar a gloria bendita ().Lo mismo que la Sinfonía en Si menor. Schubert es…
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