Aún teníamos en la cabeza el sonido de Thibaudet cuando llegó Leonskaja para recordarnos cuán diferentes pueden llegar a ser las formas de tocar el piano. Nada que ver lo del francés con lo de la georgiana. Nada. La de Tbilisi mostró todo un catálogo de gestos característicos: movimientos circulares de los brazos fundamentados en la articulación del hombro; balanceo del cuerpo hacia delante para jugar puntualmente con su peso; en el polo opuesto, manos acariciadoras, casi volátiles sobre el teclado… El suyo fue un pianismo más hecho de giros que de líneas rectas, como si no tuviese prisa por llegar al fondo de las teclas, como si prefiriera guardar con el piano una gestual y casi privada ceremonia de cortesía antes de horadar su reposo. Este arte de lo circular alcanzó hasta el uso del pedal, que produjo envolturas en ocasiones…
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