Antes de comenzar el concierto, la megafonía anunció que “los miembros de la orquesta, solistas y director, así como todo el personal del Consorcio para la Difusión de la Musica, querían dedicarlo a la memoria de Isaías Carrasco” que acababa de ser asesinado ese mediodía por la banda terrorista ETA. La dedicatoria arrancó del público un aplauso de varios minutos, una ovación compacta como un bloque de granito, que se prolongó durante más de dos minutos. El recuerdo del 11 de marzo de 2004 voló sobre los que, como entonces hicimos el día 12, acudimos con normalidad al concierto dos días antes de elegir a nuestros representantes legítimos. También como entonces, un dolor sereno y contagioso invadió el aire del auditorio coruñés toda la velada. Esta crónica, como el concierto que en ella se comenta, está también dedicada a la memoria de…
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