Después del vibrante Requiem verdiano del año pasado y las buenas críticas que había leído sobre la lectura del Maestro Ceccato interpretando esta misma misa rossiniana en Francia en 2006 lamento decir que esperaba más. Mucho más. Sobre todo porque, más allá de los méritos (y deméritos) individuales de cada uno de los componentes de la función, entiendo que la labor de concertador recae sobre el director que, por primera vez desde que le escucho, me resultó aburrido. Este Rossini, a pesar del título, no siempre es solemne, más bien, a menudo socarrón, pero fue tomado demasiado en serio. Claro que es mi opinión personal y seguro que no compartida de manera unánime.Vayamos por partes. La orquesta cometió en demasiadas ocasiones errores de coordinación demasiado sonoros, desde los fallos en los ataques hasta la falta de sintonía con el coro…
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