Nuevamente interviene en el ciclo de la CDMC el conjunto valenciano, en esta ocasión formado por dieciocho músicos, bajo la eficaz dirección de Joan Cerveró. El programa se caracterizó esta vez por la fecha de creación de las obras, todas ellas compuestas entre 1986 y 1998. He tratado de explicarme la relativa frialdad del público, y he llegado a la conclusión de que uno de los factores responsables fue la relativa falta de contrastes dinámicos en las cuatro obras ejecutadas: durante la hora y pico que duraron hubo tal vez medio minuto de momentos que sonaban pianissimo, otro tanto piano, y el resto osciló entre forte y fortissimo. Con ello no se aprovechó el hecho que los pasajes tenues suenan divinamente en la acústica del Auditorio 400, mientras que los fuertes pueden resultar chillones, según como se toquen. Y pasajes chillones hubo…
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