Vigo es quizá la ciudad gallega con mayor vocación cosmopolita. Su variedad de gentes, su actividad frenética en el día y durante la noche, su gran población empleada en sectores de servicios e industria y su vecindad con Portugal, así lo confirman. Pero tradicionalmente, como Lugo, Pontevedra y Ourense, ha sido maltratada tanto por el Gobierno de la nación como por el autónomo, con continuas medidas de recorte en inversiones para mejorar sus infraestructuras y cultura, desviadas hacia otros centros como La Coruña o Santiago, donde residimos los que, sin buscarlo, somos los privilegiados de Galicia.En el terreno cultural, a lo largo de los años 80 y casi todos los 90, Vigo fue un auténtico desierto, confluyendo en este hecho no sólo una notable falta de interés político por acercar la cultura a sus ciudadanos, sino también la respuesta…
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