Valencia fue la primera ciudad española que escuchó a Daniel Barenboim. El pianista tocó en la velada que abría la temporada de la Sociedad Filarmónica, el 15 de octubre de 1959, en el teatro Principal. Conciertos de Mozart (el nº 23, que él mismo dirigió desde el teclado) y Brahms (Segundo) junto a la entonces llamada Orquesta Municipal, con José Ferriz a la batuta. Se interpretó, además, la Novena de Shostakovich. López-Chavarri Marco, el longevo crítico de Las Provincias, observó entonces en Barenboim a un “pianista de alta categoría, sentido íntimo mozartiano, clarísima dicción, sensibilidad exquisita sin inútiles espasmos exteriores”. Y para Federico, el crítico de Jornada, fue, a pesar de que ya estaba advertido, una revelación: “merecía la pena oír a este joven de finísima calidad, músico asombroso, magníficamente dotado para los…
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