Para culminar la temporada de abono se había pensado en esta ocasión en regalar los oídos del público con una de las obras más célebres, no diremos de la música del siglo XX, sino de toda su historia, el Carmina Burana de Orff. Si bien, cuando meses atrás se presentara la programación, ésta venía pareada con la audición - pospuesta para próximos meses- de 'El sueño de una noche de verano' de Mendelssohn. Los hados se tornaron adversos y quisieron jugarnos una mala pasada, regalándonos por segundo año consecutivo una partitura de Don Lorenzo Palomo (1938), y digo don, porque las figuras como la suya, añejas y de rancio abolengo bien lo merecen.Comenta Pierre Boulez en Points de repère que existen composiciones cuya forma / estructura es perfecta pero que carecen de gusto; o al revés, piezas escritas con mucho gusto pero cuyo esqueleto…
Comentarios