Cuando se aproxima a los ochenta años, Alicia de Larrocha sigue siendo fiel a sí misma: peinado, vestuario, actitudes ante el público, nada ha cambiado para esta artista que puede encuadrarse por méritos propios entre los grandes músicos del ya finalizado siglo XX, perteneciente a una distinguida élite de intérpretes que han dedicado su vida a la música haciendo caso omiso de vanidades superfluas y gestos fáciles para atraer al público. Porque de Larrocha, como Giulini, Fonteyn, de los Ángeles u Oistrakh, entre otros muchos, ha sabido ganarse el respeto, la admiración y el cariño de los aficionados y los críticos, como quedó ayer demostrado en la prolongada ovación que estalló en la Sala Joaquín Turina al aparecer la pianista sobre el escenario y en el clima entusiasta que acompañó toda la velada. Y nombrar a los críticos no es gratuito,…
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