Precioso concierto de la temporada de la Real Filharmonía, basado en la infalible pero poco habitual receta resultante, por una parte, de una programación imaginativa que reúne en una velada dos inmensas obras del género concertante -una del XVIII rabioso y otra del rabioso XX-, y por otra, de una interpretación de muchos quilates. Programar Mozart en esta orquesta, dirán ustedes, no es demasiado imaginativo; hasta que uno se da cuenta de que poner esta Sinfonía concertante para vientos al lado de la pieza de Halffter no sólo le da un sentido nuevo, sino que ayuda a comprender mejor la Sinfonietta. Emplear a los primeros atriles de la Real Filharmonía para tocar la obra mozartiana, además de un signo de ‘autenticidad’, constituye la garantía de que los cuatro solistas demostarán saberse escuchar y cederse la vez entre ellos y con la…
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