Cinco músicos, todos ellos solistas por cuenta propia, todos con un importante curriculum a sus espaldas, se juntan para hacer música de cámara, porque allí quieren encontrar la satisfacción de hacer no solamente buena música juntos sino también de tener la ocasión de dialogar musicalmente con colegas a su altura, penetrando así en los más profundos recovecos de las obras que deciden interpretar. Y luego desean compartir con el público los hallazgos que hicieron, y, créanme, esto conduce a un summum de placer y satisfacción y, me atrevo de afirmar, para ambas partes. Con lo cual se cumple la misión primordial de la música: dar placer, llenarnos de sensaciones estéticas, llegarnos al alma y al corazón. Y la verdad es que esto lo consiguieron, porque la mesura y finura con que se aproximaron a ambas obras fue memorable.Este clima de…
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