Judith lo sabía, su destino no podía ser otro... Y Barbazul sucumbió a los encantos de una versión musical impecable de manos de Andras Ligeti. Un conjunto instrumental del que afloraron todos los resortes tímbricos de esta obra tan fascinante como inquietante. Una fuerza musical que nos va tomando poco a poco. Todos somos Judith de esta forma, y nos vemos envueltos en la aureola de su amor por Barbazul. Es una atracción connatural al ser humano: Una puerta cerrada... o dos..., o tres..., o siete. Indagar en lo que se esconde dentro es nuestra misión. El diálogo entre hombre y mujer parece imposible. Barbazul nos abre su corazón poco a poco, pero a cambio le entregamos nuestro ser. La música requería, de esta forma, de un cuidadoso estudio en manos de aquellos que han bebido de la esencia húngara de Bela Bartok: la Orquesta Sinfónica de…
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