Si hay una plantilla a priori idónea para un programa estrictamente schubertiano es la de la Orquesta Sinfónica de Viena, especializada en el culto a la calidad del sonido vienés. Sin duda alguna, los que presenciamos el concierto ofrecido en el Auditorio Nacional pudimos constatar la excelencia en la interpretación de un programa que desde los primeros compases de la ‘Inacabada’ anunciaba un genial desenlace, y que permitió con creces obviar la ausencia de Brahms en un ciclo dedicado a ‘Johannes Brahms y el Romanticismo’.
El programa de la tarde incluía las dos más destacadas y populares muestras del catálogo sinfónico schubertiano, la Inacabada y La Grande, dos obras enfrentadas, sin embargo, en cuanto al carácter, de lo que dio buena cuenta la orquesta; si la Séptima presenta un perfil más intimista y lírico, la Octava es puro…
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