Siete años después, Sir Colin Davis ha regresado al Palau de la Música. De nuevo con su London Symphony Orchestra (LSO). Él, ochenta y un años, más británico que nunca. Ella, en madura sazón, tirando a hollywoodiense.Colin Davis dirigió economizando al máximo sus energías, restringiendo los gestos hasta convencernos de que la música brotaba de su pensamiento. Y la música nacía con pasmosa naturalidad, impecable, hechizadora, tan elegante que hacía olvidar que otras lecturas eran posibles.La LSO, por su parte, es un instrumento tan flexible como preciso. Tiene atriles que valen un Potosí (ese primer oboe, por ejemplo). Destacan como auténticos virtuosos y luego desaparecen para sumergirse en una corriente en la que todos los músicos son un individuo. Injusto, en este sentido, destacar secciones, aunque, como la justicia no existe,…
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