El Lied en general y un ciclo como La bella molinera –tan profusamente interpretado y grabado– en particular, necesitan, como es bien sabido por todos los aficionados, de conocimientos especiales por parte de quien se atreve con ellos; esencialmente planificación asidua y perfecto dominio de la coloración vocal, pues hay que lograr transmitir las quintaesencias de unas mini-historias cuyos desarrollos y descargas no tienen nada que ver con las de otros géneros como la ópera, de naturaleza más expansiva. Además de todo esto, si lo que se aborda es un ciclo completo, como es el caso, aparte del matiz de la línea, del fraseo hermoso y justificado, y de la sutileza del significado particular de la palabra, hay que lograr dar unidad a un conjunto que excede en cuanto tal el intimismo de sus componentes (en el caso de La bella molinera, veinte…
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