Para alguien tan poco propenso al barroquismo como un servidor, la figura de Andrea Marcon, en las dos ediciones del Via Stellae anteriores en las que tuve oportunidad de apreciar su arte, me pareció alguien un poco fuera de los estereotipos habituales. En lo gestual me dio siempre la impresión de ser un tipo bastante comedido, todo lo contrario de ciertos contorsionistas -mayoritariamente paisanos suyos- que pululan por ahí; en lo conceptual -esto es lo que importa-, Marcon y su orquesta veneciana me transmitieron la sabiduría y la musicalidad de quien sabe ser tan riguroso como flexible.Tenía, por tanto, mucha curiosidad por ver qué era capaz de hacer -o no hacer- al frente de una orquesta con instrumentos modernos interpretando dos obras de un repertorio en el que presuntamente no es especialista. Más todavía, teniendo en cuenta que…
Comentarios