Seguramente, el más extraordinario de los acontecimientos que ha tenido lugar dentro de la vigésimo octava edición del Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba ha sido poder disfrutar una vez más de la presencia de Leo Brouwer entre nosotros. Un músico, en todas las dimensiones de esta palabra, que ha privilegiado a esta ciudad con su talento y con su incansable trabajo como director titular de la Orquesta de Córdoba entre 1992 y 2001 a la que diseñó, organizó y moldeó en un contexto cultural sin apenas tradición musical. Fue aquella una labor callada e inmensa que sólo con los años se está comenzando a valorar en sus justas dimensiones. Y no nos referimos a títulos o distinciones, por otra parte siempre merecidísimos, sino a los hechos: desde aquellos primeros conciertos de la Orquesta de Córdoba con apenas un cuarto del aforo…
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