Sobre la tarima de siempre, con las cuatro columnas metálicas que soportan el esqueleto con las luces que iluminan los atriles desde arriba, toma asiento esta orquesta, reducida para esta gira al presentarse con una formación de cuerdas de apenas 10/8/6/6/4 y los vientos/madera de rigor, más los metales que exigen las partituras, y dos percusionistas: en total 54 músicos. Insisto sobre estos detalles porque sin paredes laterales, o de fondo -realmente al aire libre, tan solo enmarcados por cuatro enormes árboles- lo que se oye de una orquesta sinfónica es muy distinto de lo que se apercibe en una sala o un auditorio. Lo mismo vale para los propios músicos, que se oyen de forma diferente. Por supuesto, no había ni micrófonos ni altoparlantes, todo era auténtico. Y eso implica riesgos. No obstante esos obstáculos, estos avezados músicos…
Comentarios