España - Cantabria

Hieratismo hebreo-filisteo

Roberto Blanco
lunes, 15 de septiembre de 2008
Santander, miércoles, 27 de agosto de 2008. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Camille Saint-Saëns. Samson et Dalila (1877). Libreto de Ferdinand Lemaire. Michal Znaniecki, dirección escénica. Tiziano Santi, escenografía. Isabelle Comte, vestuario. Aline Nari, coreografía. Daniele Naldi, iluminación. Elenco: Julia Gertseva (Dalila), José Cura (Samson), Mark Rucker (Gran Sacerdote), Mario Luperi (Abimelech), Ivica Cikes (viejo hebreo), Cristiano Olivieri (Mensajero filisteo), Paolo Canteruccio (Primer filisteo), Mauro Coma (Segundo filisteo). Orquesta y Coro del Teatro Comunale de Bologna. Director del coro: Paolo Vero. Dirección musical: Eliahu Inbal. Producción de la Opera Royale de Wallonie en coproducción con el Teatro Comunale de Bologna, Opera de Wroklawska y Fundación Giuseppe Verdi de Trieste. LVII Festival Internacional de Santander. Aforo: 1600 localidades. Ocupación: 100%
0,0001876 La única representación operística propuesta por el Festival Internacional de Santander (FIS) en esta edición ha consistido en dos sesiones de la única ópera de Saint-Saëns que se mantiene viva en el repertorio, su Samson et Dalila. Una ópera 'difícil' ya por el tipo de vocalidad empleada -basada en una vigorosa declamación y centrada en las tesituras agudas de los distintos registros- ya por los problemas que plantea su puesta en escena -de la hipertrofia espectacular que se espera de una obra que combina dramaturgia de grand-opéra y oratorio- o, en fin, por la complejidad de las piezas corales de ardua y no fácil ejecución.

La dirección escénica de Michal Znaniecki abandona las referencias espacio-temporales de la época veterotestamentaria y sitúa la acción en un espacio claustrofóbico y marmóreo. Al comienzo da la sensación de estar en los años treinta por el vestuario gris de los hebreos que además calzan botas militares, pero cuando aparecen 'Abimelech' y los filisteos -en la parte superior de un escenario que deja la inferior para los sojuzgados hebreos- se produce la descontextualización, con un vestuario entre Guerra de las galaxias y Scherezade (Dalila y las filisteas con enormes gorros en forma de cebolla). Entra Sansón en escena con su melena cubierta y se pasea entre los hebreos -dispuestos en filas marcialmente ordenadas- que exhiben libros sagrados y torah semiquemados mientras dos hebreas dibujan la menorah con tiza en el suelo de la boca del escenario. Sansón estrangula a Abimelech y lo deja colgado de un muro hasta que dos soldados filisteos con los rostros pintados con figuras dragonescas lo recuperan y lo transportan por una oculta y estrecha escalera. Después tiene lugar una ceremonia de purificación donde los hebreos limpian con agua sus manos manchadas con la sangre de su revuelta contra los filisteos.



Cortesía del Festival Internacional de Santander 2008

En el segundo acto no estamos en la casa de Dalila del fértil valle de Sorek, sino en una especie de piscina vacía a la que se accede mediante puertas secretas ocultas por lastras correderas de mármol; al fondo, dos fuentes manarán sangre (presumible metáfora del pecado) en el momento en que Sansón caiga en las redes de Dalila y confiese el secreto de su arma de destrucción masiva... Muy poco sensual es la yacija tirada en el suelo bajo un trapo sujeto por cuatro palos que hace las veces de dosel y que luego servirá para inmovilizar y capturar al ya desguedejado juez hebreo. Y en vano Dalila regará el catre con pétalos de flores que extrae de su 'casco': el erotismo está ausente y no aparece ni siquiera en el clímax con que concluye el acto.

La dirección escénica no cambia en el último acto: tanto el coro como los protagonistas y los figurantes no parece que desarrollen una acción, pero el número de danza y la espectacularidad del final se le hurtan al espectador, que no percibe ni tensión dramática ni fuerza teatral. La famosa bacanal la convierte Znaniecki en una orgía de sangre en la que se humilla, tortura y ejecuta de cien formas distintas y uno a uno a los hebreos enjaulados, quedando los 'cadáveres' diseminados por todo el escenario, aunque minutos después se levanten para dejarlo libre antes de que el templo se desplome. Ahora bien, el supuesto derrumbe se limita a dos columnas levemente inclinadas, dos escaleras abatidas y un telón negro que desciende a media altura.



Cortesía del Festival Internacional de Santander 2008

José Cura construyó un Sansón hiperbólico e histriónico. La tesitura central del papel le va bien a su voz, de timbre amplio con veladuras oscuras, pero su agudo es poco seguro y se aprecia fatiga en el paso del registro central al agudo. Cantó bien el segundo acto pero en el tercero sus gemidos y lamentos atado a la noria fueron excesivos y sobreactuados.

Julia Gertseva como Dalila fue una estatua tan marmórea como el decorado. Posee una voz de bello color con matices oscuros, con graves timbrados y sonoros, registro central suntuoso y potente, aunque el agudo no sonó muy sólido ni seguro, llegando alguna vez al grito. Concibió una Dalila gélida, con una expresión carente de veladuras eróticas y de sentimiento en voz y gestualidad.

Mark Rucker, embutido en un incomodísimo atuendo que le impedía gestos y movimientos, fue un Gran Sacerdote de voz amplia pero monótona, sin desplegar matices. Poco audible el Abimelech de Mario Luperi y correctos Ivica Cikes (viejo hebreo) y Cristiano Olivieri (mensajero filisteo).

Sin duda, el gran protagonista de la velada fue Eliahu Inbal, dirigiendo a la Orquesta del Comunale de Bologna con perfección y emotividad, con toques delicados en las páginas más sensuales de la partitura y obteniendo colores envolventes y sedosos. El coro, finalmente, llevó a cabo una correcta prestación, cuidada y bien ensayada.
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