Dentro de la programación de este año del Festival Internacional de Música de Galicia, siguiendo la nueva y errática política de descentralización de actividades, se celebró en A Coruña un singular concierto centrado en los sonidos de percusión y en la multiculturalidad del programa. Al llegar al teatro, el espectador se sorprendió al ver una puesta en escena más digna de un mercado persa que de un concierto propiamente dicho: multitud de instrumentos de la más dispar procedencia geográfica y étnica aparecían extendidos a lo largo y ancho del escenario, sin orden ni criterio (más que nada el orden y el criterio de quien los desembarcó allí) y empezaban a sonar en los primeros compases de una improvisación que, si bien encontró su punto de referencia en el protagonismo de la marimba, se convirtió en un potpurrí de sonoridades varias…
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