No es habitual encontrarnos en un concierto con un solista de percusión. Martin Grubinger llegó con unas credenciales inmejorables (estudios en el Mozarteum de Salzburgo, colaboraciones con Martha Argerich o Christoph Eschenbach...) y se metió al público en el bolsillo, y no sólo por la espectacularidad intrínseca de su familia instrumental, sino porque eleva esa modalidad a unas cotas de belleza, sutileza y virtuosismo difíciles de explicar en una reseña. Realmente es necesario verlo, escucharlo y pasmarse.El concierto para percusión y orquesta sinfónica Frozen in time aprovecha las posibilidades de un solista tan dotado como Grubinger y de los múltiples instrumentos que lo rodean (marimba, vibráfono, campanas tibetanas, etc.) para crear esencialmente amplios climas entre los que predomina la saturación percutiva, sobre todo en un…
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