Cuenta Homero que el rey Néstor, para hacer avanzar a sus tropas delante de los muros de Troya, había adoptado un orden que le era propio: colocaba delante sus mejores tropas, en el medio sus tropas auxiliares -en las que no confiaba demasiado- y detrás el resto de sus mejores hombres.Tal parece que ocurrió con el concierto de la Sinfónica de Londres dirigida por Daniel Harding: se ubicó en primer lugar una obra breve pero de gran importancia como es la Sinfonía n.º 7 de Jean Sibelius y para empezar se deslumbró con un perfectamente bruñido tapiz sonoro cuya calidad me dejó poco menos que balbuceante, dada la belleza lujuriosa que es capaz de regalar la eximia formación londinense, en la que pueden subsumirse esos -por estos lares extraños- equilibrio y correspondencia entre familias instrumentales y, ante todo, el remarcado protagonismo…
Comentarios