Hace poco comentaba con cierto boato, un poco en consonancia con la ocasión, el concierto de la Sinfónica de Londres en el Auditorio de Valladolid, una velada repleta de bellezas que podríamos calificar de suntuarias, de esas como para llevarse a una isla desierta. Y es curioso cómo el siguiente al que he tenido la suerte de asistir, aun considerándose la antítesis por varias razones -sala modesta, sólo dos músicos sobre el escenario (de momento no muy conocidos), poca asistencia, publicidad nula- fue capaz de sacar a la palestra la misma sensación de estar haciendo música de verdad desde el talento más auténtico y el trabajo más comprometido.Tanto Irene Alfageme (piano) como su hermano Eduardo (clarinete) se encuentran aún perfeccionando sus estilos, la primera en Ginebra y el segundo en Bruselas, pero se nota de inmediato que han…
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