Salvo por las tres breves piezas sacras al inicio del programa ofrecido por el Coro Ruso del Monasterio Sretensky, de Moscú, en su única presentación, el martes, en el Teatro Nacional, el repertorio interpretado por la agrupación no se diferenció mucho del que, en tiempos soviéticos, solían brindar los coros rusos que visitaban los países capitalistas como heraldos de la competencia cultural entre los dos grandes bloques políticos de la Guerra Fría de la segunda mitad del siglo XX.De modo que para mi fue una desilusión escuchar una selección de canciones folclóricas rusas y cosacas, en la primera parte del concierto y, en la segunda, un florilegio de arreglos de canciones profanas de compositores rusos menores, cuando yo esperaba elevar mi espíritu con la fuerza inspiradora, ímpetu fervoroso, variedad rítmica y belleza melódica y…
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