Después de la espectacularidad del concierto inaugural, con esa tormenta de dioses mundanos, guerreros e incestuosos de La Valquiria, el concierto del viernes 31 nos dio un reposo espiritual. Pese a que el número de efectivos entre solistas, los dos coros y la orquesta era bien superior al de aquél, el repertorio programado por López Cobos marcó un aire de recogimiento espiritual. Porque de espiritualidad se tataba, con dos obras tan distintas como los enfoques que de la religión y la espiritualidad tenían sus autores. La primera obra del programa era Trois Petites Liturgies de la Présence Divine, de Olivier Messiaen (1908-92). Éste la compuso a partir de noviembre de 1943, casi un año después de su liberación del ya célebre barracón Stalag VIII-A del campo de concentración de Grlitz, donde sufrió cautiverio tras su apresamiento durante…
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