Había quien no estaba muy de acuerdo con el repertorio elegido por Martha Argerich y Misha Maisky para este concierto: a ambos artistas se les supone ideales para sumergirse en las profundidades de un Brahms, por poner un ejemplo. Y sí, quizá un Brahms hubiera sido preferible al Beethoven de las Siete variaciones sobre un tema de Die Zauberflöte, obra por otro lado más que gratificante; pero también es cierto que un artista demuestra que lo es ‘exprimiendo’ lo que tradicionalmente ha sido considerado como ‘externo’ (la notas de programa parecen adelantarse a estos razonamientos al hablar de la tópica consideración de Grieg como compositor simplemente agradable por su no pertenencia al área y estilo germánicos).En fin. El concierto fue soberbio. Con Argerich y Maisky la música habla por sí sola, máxime en una noche tan inspirada como…
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