España - Madrid

Celebración del XX aniversario del Conservatorio Adolfo Salazar – v.g. Ferraz

Juan Krakenberger
martes, 25 de noviembre de 2008
Madrid, viernes, 21 de noviembre de 2008. Auditorio Nacional. Sala de Cámara. Profesores del Conservatorio. Orquesta del Conservatorio. Director, Víctor Correa-Cruz. Obras de Manuel de Falla, Octavio Vázquez, A. Ruiz-Pipó, Alberto C. Bernal, Adolfo Salazar Miguel Bustamante, Tomás Marco, José Luis Valderrama, Edvard Grieg y L.v.Beethoven. Aforo: 95%
0,000434 Hace ahora 20 años que se abrió en la calle Ferraz de Madrid un nuevo conservatorio de grado medio. Parece mentira cómo el hecho de ser un conservatorio joven, sin herencias de tiempos pasados, logra cambiar las costumbres obsoletas que aún presiden en la gran mayoría de los conservatorios en España. Por ello no debe sorprendernos que del Conservatorio de la calle Ferraz salgan más alumnos que de otros centros de grado medio, para seguir su formación superior ya sea en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, o que sean aceptados en prestigiosos centros del extranjero, como la Guildhall School de Londres, y otras. Así también se explica que apenas algún alumno que otro siga estudios en el Conservatorio Superior de Madrid, pero ninguno en materia de cuerda alta. Y después de haber escuchado a profesores y alumnos hacer música en esta fiesta de aniversario, el motivo de todo ello se halla a la vista: muy buenos rendimientos musicales y técnicos, y una orquesta de alumnos que ya quisieran tener muchos Conservatorios Superiores, en cuanto a calidad sonora y entrega, el de Madrid incluido.

El concierto empezó a las 19.30 y terminó a las 22 horas. La música, propiamente, duró 1 hora y 40 minutos, pero el discurso inicial del director del conservatorio, el pianista Aníbal Bañados, los cambios de ubicación de los instrumentos, asientos y atriles entre cada pieza, y -como no– los prolongados aplausos, hicieron que la fiesta durara las 2 ½ horas, fin de fiesta incluido. El público asistente recibió un detallado programa de mano, en el cual todas las obras son comentadas por José Luis Garcia del Busto, en forma minuciosa y con citas de los compositores, sobre todo de las cinco obras dedicadas a Adolfo Salazar y al Conservatorio, tocadas en calidad de 'Estreno Absoluto', iniciativa de profesor José Luis Nieto, quien tuvo la idea con la antelación debida el año pasado. Me he de referir a cada obra brevemente:

El concierto se inició con una transcripción para dos pianos de la 'Pantomima' y la 'Danza Ritual del Fuego', de El Amor Brujo, enmarcando la 'Danza de la Molinera', de El Sombrero de tres Picos, de Manuel de Falla, a cargo de Rosalía Pareja y Nuria Guerras, profesoras del conservatorio como todos los demás. Fueron estas pianistas quienes informaron sobre el origen de las transcripciones, las dos primeras hechas por el americano Celius Dougherty, y la última por el italiano Mario Braggiotti: ambos expertos en este tipo de tarea, logrando muy buenos resultados sonoros. Las dos profesoras tocaron con perfecta coordinación, y sonoridades atractivas; me hubiera gustado un poco más de rubato en la 'Danza de la Molinera'.

Luego siguió Yortog (Aniversario), para clarinete y piano, de Octavio Vázquez, ex alumno del conservatorio, a cargo de Enrique Pérez, clarinete y Susana Sánchez, piano, en calidad de 'Estreno Absoluto0. Se trata de una obra que empieza serenamente, piano, y en tesituras bajas pero que va evolucionando hacia unos clímax brillantes en las alturas, con contrastes dinámicos muy marcados. La versión fue estupenda, luciendo el clarinetista una amplia paleta de sonoridades e intensidades, muy bien secundado al piano.

La tercera obra, de Antonio Ruiz-Pipó, un Homenaje a Villalobos que consta de una 'Introducción', 'a la Bossa Nova', y 'a la Samba', tres breves piezas cuyos títulos bien describen la intención, fueron tocados a dos guitarras por Soledad Plaza y Leonardo Martin. Muy bonita la pieza central, suavemente insinuante. Excelente versión.

Después se escuchó otro estreno absoluto, de Alberto C. Bernal, otro ex alumno, con el inequívoco nombre de C./Ferraz 62 Madrid (1993-1997), Reminiscencias, para piano y cinta, a cargo de Eva Alcázar, piano y el LIEM en la parte electrónica. El piano es tratado con lenguaje moderno, en paralelo con una cinta donde se pregrabaron músicas de variado origen, desde Bach hasta Schönberg. Sin embargo, se produjo una notable coordinación entre ambas voces, de efectos cautivantes. Excelente prestación de pianista y técnico de la parte electrónica.

Siguieron Tres canciones sobre textos de Paul Verlaine, de Adolfo Salazar, a cargo de la soprano Dolores Granados, acompañada por Carmen Diez Quesada. La soprano sustituyó a último minuto a otra cantante, pero interpretó las tres piezas con mucho aplomo. En algunos pasajes, su vibrato me pareció algo excesivo. Se trata de música de 1920 y se advierte como Adolfo Salazar -cuyo libro La Música Moderna poseo desde hace medio siglo y consulto con frecuencia- estaba al tanto de las novedades en materia de estilos de aquella época. El acompañamiento pianístico, impecable.

Otro estreno absoluto fue Ferraz 2008, para violín y piano, de Miguel Bustamante, composición pensada tanto para homenajear al Conservatorio y a Adolfo Salazar, como también ideada para ser interpretada por Ana Baget y Aníbal Bañados, ambos prestigiosos profesores de Ferraz. La obra tiene forma A-B-A-C-A, siendo la parte A caracterizada por obstinados repetidos. Las partes B y C son más líricas, pero tienen algunas excursiones virtuosístas, tanto para piano como para violín. La obra suena muy convincente y mantiene el interés del oyente en todo momento, abriendo nuevas expectativas a medida que avanza. La interpretación, excelente: muy bello el sonido del violín de Ana Baget.

Siete Rubayats de Tomás Marco siguió como otro 'Estreno Absoluto'. Se trata de siete fragmentos cortos a cargo de violoncello, flauta, oboe y clarinete, tres de ellos a cargo del violoncello solo, y los demás en varias formaciones, siendo la séptima para los cuatro. Se advierte un fondo oriental, al utilizarse cuartos de tono y glissandi de giros exóticos. La última pieza usa clusters: todo pensado en sonoridad que mantiene el interés del oyente. La versión, nuevamente, impecable, a cargo de Miriam Olmedilla, violoncello -que tocó sus solos con gran soltura- y Salvador Requena, flauta, Miguel Sancho, oboe y Juan Luis Ramírez, clarinete.

El último 'Estreno Absoluto' correspondió a la Jazztasía sobre un tema de Salazar de José Luis Valderrama, también profesor de Ferraz. Salvador Requena, flauta, Juan Luis Ramírez, clarinete, Beatriz Alonso, fagot, Javier Escribano, trombón, Adolfo Hontañón, viola, Daniel Machado, contrabajo y José Gallego, piano, formaron un septeto de jazz, y con mucho vuelo nos tocaron esta fantasía en estilo de jazz moderno, con una cadencia a cargo del piano e intervenciones solistas de los vientos. Esto sonó muy bien, y el público aplaudió al compositor e intérpretes con insistencia.

Todo seguido, hubo que transformar el escenario para dar cabida a la orquesta del conservatorio, cuya cuerda se presentó en formación 12-10-8-8-4 (salvo error u omisión) más las parejas de vientos maderas y los metales, y un timbal, todos bajo la dirección del joven violinista y director Víctor Correa. Nos tocaron primero tres movimientos de la Suite Holberg, op 40, de Edvard Grieg, -I Prelude, II Sarabande y V Rigaudon-. Música que debe clasificarse como neoclásica, a pesar de un fondo romántico propio de la época del compositor escandinavo, puso a prueba la buena afinación y coordinación de las cuerdas de la orquesta. Quedé muy favorablemente impresionado del sonido bien empastado del conjunto, lo que solamente se logra a través de una pedagogía adecuada. En la 'Sarabanda', el pasaje que sigue al solo del violoncello, un crescendo hacia unas armonías sublimes, salió mágicamente redondo, ambas veces: ¡que preciosidad de música! El concertino de la orquesta asumió el arriesgado papel solista del 'Rigaudón' con soltura -en la segunda y tercera repetición el peligroso pasaje de tesitura alta le salió perfecto- y el equilibrio sonoro fue excelente, muy bien administrado por el director del conjunto.

Como obra final del programa, el Primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven, obra por demás conocida, y con unos compases iniciales que implican siempre algún riesgo de coordinación. Pero todo salió muy limpio, tanto en cuerdas y vientos: en estos noté un momento brevísimo de imprecisión, pero esto era apenas notable y la versión me pareció muy profesional y correcta. Así también lo comprendió el público, que aplaudió con insistencia, y logró una propina: la conocidísima Quinta Danza Húngara de Johannes Brahms, que recibió una interpretación muy lograda, y donde Víctor Correa corrió riesgos con cambios de tempo y rubati: pero estos que fueron asumidos por la orquesta con toda naturalidad. Esta apabullante versión provocó nuevamente aplausos y aclamaciones del respetable, y fue así que la obra se repitió, como fin de fiesta, con participación del público batiendo palmas en ritmo con la obra. Pero esta vez los riesgos asumidos en cuanto a tempi demostraron que el público no estaba a la altura de las circunstancias, lo que fue asumido con buen humor por el director. Risas y aplausos, una excelente manera de terminar con una fiesta de la música: con alegría, y prestaciones bastante excepcionales. ¡Felicitaciones a todos los que lo hicieron posible!
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