A sus 45 años, Anne-Sophie Mutter -esbelta, elegante, bonita- se parece a todo menos a una de las mejores violinistas del mundo. Su atracción mediática es indiscutible, y no es para menos. Ningún violinista tiene tantas entradas como ella en el buscador Google: casi medio millón. Que a pesar de todo este mundo carismático que la rodea -y que la ha rodeado siempre- ella haya tenido tiempo y calma suficiente para adentrarse en las partituras del pasado y del presente es, sencillamente, admirable. Digo esto porque tras haberle oído las tres Sonatas para violín y piano de Brahms tocadas por ella, hay un antes y un después: he oído estas sonatas decenas de veces, he escuchado otro tanto de grabaciones, las he tocado yo mismo hace medio siglo, y heme aquí teniendo que reconocer que ella supo imprimir a estas obras, sobre todo a las Sonatas nº1…
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