Félix Mendelssohn era hijo de un banquero. Tenía el riñón cubierto. También mucho talento. Nos enseñaron que echó su mirada al pasado y rescató a Bach. Contribuyó a fijar un repertorio. Y a sacralizar el arte. No pasa nada, así eran los tiempos. Además trató a Shakespeare de tú a tú e hizo algo parecido a la magia (o a la magia sobre la magia): su música para El sueño de una noche de verano. Casi dos siglos después, unos niños valencianos cantan fragmentos de esa obra para un público, con todos los respetos, maduro. Y nos preguntamos, alternando nuestra mirada entre el escenario y las butacas, dónde está la magia, dónde está el futuro.Bien, pensemos, para evitar sustos más que nada, que la interpretación de la Escolanía de Nuestra Señora de los Desamparados, que celebra ahora su cincuentenario, es un lapsus pasajero (aunque tampoco en el…
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