Es como si a Leif Ove Andsnes el sonido le naciera de la columna vertebral. Y como si una especie de corriente medular le mantuviera unido al piano de forma constante y con rotundidad física. Da la sensación entonces de que los dedos del noruego profundizan en el instrumento como horquillas de radiestesia detectando agua en las profundidades de la tierra. Pero lo que parece que el artista llega a descubrir son las raíces del árbol que un día fue ese piano. Un sonido lleno, llenísimo, con la nobleza de la madera pero sin su dureza, con la espesura de un humus fértil, sin impurezas, de una sola capa. Posee, por otra parte, este pianista un impulso motórico que aparentemente nace de su vocación por narrar. La inapelable relación de causas-efectos de su música ni se dispersa en apremios ni elude el compromiso por lo inmediato. Pero su…
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