Es otro término muy usado por los taurinos: cuando un torero se encuentra a gusto con su labor, eso se transmite, se le nota desde el tendido y éste acaba rindiéndose. Marc Albrecht no es, precisamente, un director fácil de seguir por la orquesta. Pero su versión de la Sinfonía nº 1 de Mahler fue un ejemplo de cómo el entusiasmo de alguien, al igual que cualquier otro sentimiento o emoción puede llegar contagiar a quienes dependen de quien lo siente. Como hizo Albrecht con orquesta y público. La presencia de un grupo de canciones re-orquestadas abriendo programa y su cierre con una sinfonía de Mahler hizo inevitable la comparación de este concierto con el de la semana pasada, por parte de aficionados y de los propios músicos. La interpretación de Christiane Iven dio a todos los lieder del ciclo Siete canciones de juventud la serenidad…
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