Programa potente sin duda el elegido por Gergiev y la Orquesta del Teatro Mariinski para su presentación en el Auditorio de Valladolid. No muy original, desde luego, pero perfecto para demostrar en una gira todas la virtudes demostrables, si es que se tienen los elementos idóneos para ello, incluido un pianista que, como poco, aguante la tremenda gimnasia del Concierto para piano y orquesta núm. 3 de Rajmaninov, y además sea lo suficicientemente creativo y estiloso como para ir un paso más alla. Cuerpo y mente sanísimos, en resumen, que -ya podemos decirlo- derrochó a manos llenas Alexéi Volodin. Cuántas veces se habla del asombro que producen muchos de los intérpretes que se atreven a abordar esta descomunal obra, pero créanme que lo de Volodin supera mi experiencia con creces, y no por una extraterrestre técnica y una potencia que…
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