Mozart, quien inauguró una forma de escribir, a la vez que se hacía a sí mismo en cuanto al clarinete se refiere, formó pareja con Anton Stadler. Brahms, por citar sólo dos de los pilares de este canon solístico, lo fue de Richard Mühlfedl, y Carl Maria von Weber, en 1811, colaboró estrechamente con Heinrich Joseph Bärmann para construir una serie de piezas, que tanto favorecieron el desarrollo técnico y musical del instrumento.En esta ocasión, su segundo Concierto para clarinete y orquesta en mi bemol mayor se hizo coincidir, dada la duración del resto de obras del programa, con el inicio de la segunda parte. Una pieza que destila grandes dosis de teatralidad -la ópera es el género preponderante en la época y Weber la domina, como bien señala Díaz Gómez en las notas al programa-, además del consabido virtuosismo propio del género.El…
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