Hay conciertos que transcurren, sin más: son mera ejecución. Algunos dejan el recuerdo aislado de alguna interpretación notable. Otros resultan brillantes de principio a fin. El de la OSG del viernes 30 de enero me hace recordar el final de la canción Amanecí entre tus brazos, de Alfredo Jiménez, que bordó en su momento la voz de María Dolores Pradera. Fue una tarde de esas en las, de principio a fin no dejan de pasar cosas, muchas cosas. Y siendo cosas muy diferentes en origen e intensidad, aquí se relatan por la importancia apreciada esa tarde, aunque haya que invertir su orden cronológico. Acabado el concierto, entre la fortísima ovación del público, Jakob Hrusak (República Checa, 1981) atravesó el centro del escenario desde el podio hasta la segunda fila de atriles de las maderas y entregó el ramo de flores que acababa de recibir al…
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