De muy positiva podría calificarse la actuación de los responsables del Palau de la Música de Valencia. Tras muchas semanas de arduas negociaciones, el sueño se hizo realidad, Kleiber, el penúltimo dios vivo (por dejar la opción de que cada cual coloque en el otro lugar a su preferido), consintió en venir a Valencia, dicen que por el mar, para dirigir a la BRSO. La prensa local comenzó a informar sobre sus draconianas condiciones de contratación, nada de fotos, ni cámaras, ni grabaciones, ni entrevistas, ni ruedas de prensa, un coche esperándole inmediatamente a la salida, y la posibilidad, siempre presente, de que al final "algo" no fuera de su agrado.Sea como fuere, hay que reconocer que el equipo rector del Palau, apoyado por las entidades de colaboración económica y por los aficionados, han logrado con su programación que Valencia se…
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