Los cien años de historia de la orquesta estadounidense suponen un plazo de tiempo más que suficiente para configurar el temple, y la personalidad, de una agrupación que ha contado para esta labor con la participación de prestigiosos directores. Una característica -la del temperamento- que repercute favorablemente en la calidad de los resultados artísticos porque implica la absoluta compenetración de los músicos de cada familia de instrumentos, y la de estas secciones entre sí. Circunstancia que se evidenció claramente en los dos conciertos ofrecidos, donde los citados atributos se vieron reforzados, aún más, por el fuerte carácter del que fue hasta el pasado año su director titular, mostrándose este binomio como un todo, como un cuerpo perfectamente articulado.El primero de los conciertos se inició con la portentosa versión de la…
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