El pianista y director Vladimir Ashkenazy, que debía estar excitado e inquieto a tenor de su actitud frente a la orquesta, en mi opinión, no culminó con éxito ayer lo que podría haber sido una gran velada sinfónica.Brahms, el conservador, el guardián del clasicismo en el romanticismo, el enemigo acérrimo de Wagner porque su música no era música, no puede, no debe ser, simplemente correctamente interpretado, debe suscitar emociones en el público que lo escucha, cosa que no logró, ni por asomo el director.Su tercera sinfonía fue compuesta en el verano de 1.883 durante su estancia en Wiesbaden, y estrenada en Viena en diciembre del mismo año por Richter con gran éxito a pesar de las protestas de los wagnerianos que acudieron al evento. El mismo autor, con una sólida formación y admirador ferviente de Bach, Beethoven y Mozart, le quitó…
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