Con las orquestas escandinavas sucede lo que con los vinos de las denominaciones de origen prestigiosas, compres el que compres tienes una calidad mínima garantizada. En estas orquestas se parte de una solvencia contrastada que se basa, en gran parte, en unas secciones de cuerda enormemente competentes y con un sonido aterciopelado. Luego ya vendrán las diferencias, que, al igual que ocurría en los vinos con las añadas, pueden hacer una determinada formación especial respecto a las demás (como ocurre, en mi opinión, con la Sinfónica de Gottemburgo).El programa, en sus tres cuartas partes, parecía perfecto para el lucimiento de la DRSO sin embargo, desde mi punto de vista se produjo una curiosa paradoja.El concierto para violín y orquesta en re mayor de Sibelius es una pieza además de muy difícil desde el punto de vista técnico para el…
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