Es sin duda un placer abandonar nuestra cada vez más virtual casa para formar parte de una recoleta reunión, que se congrega casi con nocturnidad, y apenas sin más publicidad que la ofrecida en nuestra revista, en una de las iglesias valencianas de mayor valor artístico (y también una de las que más urgentemente requieren actividad restauradora; por favor, ¡hágase algo al respecto!) para asistir al goce de la polifonía renacentista.Y no debe de ser moralmente malo que de vez en cuando se nos recuerde aquello de que los presupuestos supermillonarios no son imprescindibles para que la música se manifieste con toda su capacidad de persuasión. Buenos músicos, un trabajo honrado y un apropiado repertorio son mimbres suficientes para elaborar el cesto donde recoger el cautivado ánimo del público. Afortunadamente así ocurrió en el último…
Comentarios