Nada me desagradaría más que, escribiendo sobre Mahler, caer en el vicio de la prolijidad. Todo lo contrario: a la despiadada verborrea que su vida y obra han generado le gustaría a uno responder con la economía del aforismo. Algo parecido a lo que hizo Anton Webern con su música, sólo que trasladado al ámbito de las palabras. ¡Lástima no poseer ese don de máxima concreción expresiva!No pretende ser forzada esta alusión al más alquimista de los componentes de la Segunda Escuela de Viena. Sabido es que la Séptima de Mahler entusiasmó, más que cualquier otra composición de su autor, ya desde su estreno (Praga, 1908), a los más innovadores músicos del momento. A la presentación de la obra asistieron directores de orquesta como Scherchen o Klemperer, quienes luego la interpretarían de forma magistral. Alban Berg también acudió a la cita,…
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