La más conocida de las pasiones bachianas no tuvo, en la versión ofrecida por Pinnock el pasado miércoles en Valencia, un arranque impactante. Siempre se espera que el número inicial de La Pasión según San Mateo mueva todos los resortes emocionales del oyente, y que, a través de uno de los halagos más sublimes al sentido del oído que nunca se haya escrito, se trascienda una solemnidad majestuosa y profunda, de naturaleza casi telúrica. Quizá se espere que así suceda en virtud de una tradición interpretativa romántica que ha dejado sobre todos un poso incuestionable. Pero el caso es que se espera, ya venga de un grupo con instrumentos de época o de otro sin ellos.
Por desgracia, el conjunto de Pinnock, uno de los abanderados, como es bien sabido, de la tendencia historicista, no logró convencer en la elevación de este impresionante…
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