Hay orquestas que no necesitan más que de unos pocos compases para dar la certera impresión de que se constituyen como entidades rebosantes de salud. La obertura de La scala di seta fue para la Pittsburgh Symphony Orchestra su carta de presentación en Valencia y su declaración de intenciones. Con su ejecución inmediatamente se pudo catalogar al conjunto dentro de esas afortunadas formaciones antes mencionadas, pues se advirtió a las claras la competencia de todos sus instrumentistas y la claridad de ideas del director. Como órganos bien oxigenados, como miembros nutridos y elásticos, todos formaban parte de un solo cuerpo, que, además de atlético, contaba con una sólida base intelectual, cosa que a la postre habría de resultar determinante.Porque el reto que planteaba el programa era el de trascender el virtuosismo orquestal desplegado…
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