Nostalgia de tiempos pasados en los que el noble Teatro de la Zarzuela teníaque ser todo -ópera, zarzuela, ballet mientras el Teatro Real sufría en su accidentado nacimiento. Nostalgia que explica esta licencia arriesgada de mezclar la programación que ahora le es propia con la producción de uno de los títulos emblemáticos de la primera ópera barroca, la monteverdiana Incoronazione di Poppea, según la edición y bajo la dirección de Alberto Zedda. Nostalgia que viene a responder también al vacío que hay en Madrid de un teatro especializado en este exquisito repertorio que no cabe bien en la programación de un escenario tan gigantesco como el del Real. ¿Si no es la Zarzuela, quién nos iba a cantar en Madrid L'Incoronazione di Poppea? ¿cuántos años pasarían hasta que el público madrileño pudiera conocer in situ esta cumbre de la mejor…
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