La voz y el gusto en estado puro permitieron a la mezzosoprano eslovaca Marjana Lipovsek triunfar en el Teatro de La Zarzuela el pasado día 8 de febrero con un recital de bravura que puso en evidencia también el dominio de su extraordinario instrumento de auténtica mezzo con bajos llenos y fáciles agudos tan distintos de una soprano como una flauta de una trompeta. Voz auténtica, bien jugada en la interpretación de un programa que viajaba tres centurias por los confines del tiempo entre Claudio Monteverdi y Alban Berg, y más aún por la inconmensurabilidad de las emociones desde lo cómico hasta lo trágico, dibujando un ámbito infinitamente más matizado que el que nos permitiría trazar nuestro lenguaje: amable, violento, exultante, esperanzado, implorante, morboso, determinado, sensual, desesperado... Y eso lo consiguió, a través de la…
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